Milagros
Agradéceselo a la Virgen que te ha dado esta gracia
El 10 de junio de 1940 llegó al convento una señora con un hijo de seis años enfermo de encefalitis. Al día siguiente escuchó la misa del padre Pío. Después de la misa, al verlo pasar para ir a confesar, le presentó a su hijo en brazos toda llorosa y desconsolada. El padre Pío la miró con compasión, le hizo una señal de bendición y entró en el confesonario. La pobre madre, un poco decepcionada pero con fe, se quedó en la iglesia a rezar hasta que el padre terminó de confesar. Después se retiró ella al albergue donde acostó al niño, que al momento se quedó dormido. Hacia las 5:30 p.m. el niño se despertó y se levantó solo totalmente curado. A la mañana siguiente, la madre le agradeció al padre Pío, que le respondió: “Agradéceselo a la Virgen que te ha dado esta gracia”. En ese momento estaba presente el doctor Filippo De Capua, pediatra de Foggia, que vio al niño antes y después de la curación.
El padre Pío es un santo
Declara el padre Alessio Parente: Un día una señora me dijo: “El padre Pío es un santo”. Y me contó que su única hija había tenido una hemorragia interna y, a pesar de los esfuerzos de los doctores, no pudieron hacer nada para salvarla. Decía: “Yo lloraba e invocaba constantemente al padre Pío”. De pronto, lo he visto a mi costado. Me ha puesto una mano sobre mi espalda y me ha dicho: “No te preocupes, yo seré el doctor de tu hija”. Después desapareció. En ese momento, mi hija se agitó en la cama y yo pensé que era el fin. Llamé al doctor y pudo constatar que la hemorragia había cesado. La misma mañana le dieron de alta en el hospital.
Las hostias
Una mañana el hermano sacristán fray Crispín se había olvidado de poner hostias para consagrar. El padre Pío, después de confesar, dio la comunión a los fieles. Había poquísimas hostias en el copón y los fieles eran muchos. Según iba dando la comunión, las hostias iban aumentando. Yo asistí a este portento que fue notado por la señorita americana María Pyle y la señorita Caterina Valentini, alemana.
Suficiente pan
En el verano de 1941, dice el padre Rafael, que fue su Prior de 1933 a 1940, en plena guerra, el pan estaba racionado y cada día pedían pan unos 15 pobres. A la hora de la comida fuimos al comedor, pero no había más que unos 500 gramos de pan para los 10 religiosos, además de los pobres que esperaban. El padre Pío estaba todavía orando en la iglesia. Comenzamos a comer la menestra y, de pronto, llega el padre Pío con bastante pan fresco. Lo miramos sorprendidos y le digo: “Padre Pío, ¿de dónde ha sacado este pan?”. Me responde: “Me lo ha dado una peregrina de Bologna en la puerta”. Le respondo: “Gracias a Dios”. Ninguno de los religiosos dijo una palabra: habían comprendido que era un milagro.
Padre Pio en dos lugares
Una señora, mujer de un empresario naval, era huésped de su hija en Bolonia. Tenìa un tumor maligno en un brazo y la señora con la ayuda de su hija decidió hacerse operar. El cirujano aconsejò tener paciencia y esperar, por lo tanto posteriormente fijarìa la fecha para la intervención quirúrgica. En la espera el marido de la hija mandó un telegrama al Padre Pío; suplicando por la salud de su suegra. A la hora en que el telegrama llegó a manos del Padre Pío, la señora, que estuvo sola en el cuarto de estar de la casa de la hija, vio abrir la puerta y entrar a un fraile capuchino. "Soy el Padre Pío de Pietrelcina" le dijo. Después de preguntarle algunas cosas del cirujano, la exhortò a tener confianza en la Virgen, el Padre Pìo le hizo una señal de la cruz en el brazo, por lo tanto, saludándola, salió. La señora llamó a la camarera, la hija y el yerno. Preguntó porque hicieron entrar al Padre Pío sin anunciarlo, pero le contestaron que no lo vieron y que, en todo caso, no abrieron la puerta a nadie. Al día siguiente el cirujano visitó a la señora para prepararla para la operación, pero no encontró ningún tumor. El tumor se desapareciò apenas el Padre Pìo le diò la bendiciòn. Padre Pío estuvo ahí sin salir de su convento
El olor del Padre Pio
Un señor cuenta: " Hace algunos años tuve un infarto cardíaco. Me aconsejaron someterme a una intervención quirúrgica para mejorar mi condición de vida, y decidí hospitalizarme. Era el mes de junio de 1991. Durante la operación, que fue concluida con éxito, me fueron instalados 4 by-pass. Desafortunadamente, cuando me desperté después de la anestesia, me percaté que la pierna y el brazo derecho estaban paralizados. La amargura fue grande, pero después del primer instante de desaliento, la fe volvió a sustentarme y empecé a rogar al Padre Pío. Mi confianza en el venerado Padre no fue quebrantada. Rogué haciendo una novena que mi pobre mamá, aconsejó para casos desesperados y, después de tres días, en la misma mañana en que acabé la novena, incluso sólo siendo rodeado por otros enfermos, sentí alrededor de mí un perfume intenso de muguete. Cuando éste perfume se desvaneció, sentí un hormigueo en el pie derecho y entendí enseguida que mis ruegos fueron atendidos." Le oré con fe y fuì escuchado y atendido rápidamente, como todo el que le ruega, porque su amor es inmenso y especialmente por los enfermos.
La niña sin pupilas
Uno de los casos más extraordinarios de curación del Padre Pío es el de Anna María Gemma Di Giorgio. Diversos oftalmólogos han examinado a Anna María, los diagnósticos son los mismos: carece de pupilas y sus ojos tienen opacidades grises y blancas; así nació y sus ojos siguen iguales al examen físico hasta la fecha.
En el lenguaje médico esta condición física significa que ella es y ha sido ciega, con esos ojos es imposible que vea. ¿Cómo ve entonces? Anna María nació ciega y creció con esta limitación hasta que tuvo siete años. Su ceguera total nunca le había permitido ver ni el menor atisbo de luz. La abuela de la niña decidió escribir al Padre Pío, que le contestó diciendo, “te aseguro que rezaré por la pequeña niña, pidiendo para ella lo que más le convenga”. Poco después la abuelita se fue con la nieta a ver al Padre Pío, en el camino la niña comenzó a decir, “abuela, veo una barca en el mar”, ¡y en el mar había una barca! Esto duró solo unos momentos. Al llegar donde estaba el Padre Pío, éste le tocó los ojos y trazó sobre ellos la Señal de la Cruz… y desde entonces recuperó la vista de forma permanentemente, hasta ahora.
Se trata de un hecho inexplicable para la ciencia, ocurrida cerca de 1948, en vida del Padre Pío
El sordomudo
Una señora amante del Padre Pio, quería visitarle y conocerle personalmente, pero su esposo era muy escéptico a este tipo de cosas y no quería por ningún motivo ir donde el Padre Pio, su esposa insistió tanto que el hombre aceptó. Cuando llegaron con su hijo el hombre dijo a su mujer que ya había hecho mucho llegando hasta ahí y que no entraría, se quedaría en la puerta; su mujer entró con su hijo a confesarse con el Padre Pio, al final de la confesión el Padre Pio dijo al niño: -Dile a tu papá que entre y hable conmigo-, el niño obediente fue donde su papá y le dijo lo que el Padre Pio le había mandado, cuál no sería la sorpresa de este hombre cuando escucho a su hijo decir esas palabras, pues era sordomudo. Padre Pio había obrado un milagro en el niño y una conversión en su papá


