Espiritualidad de Padre Pio
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El Santo Padre Pio fundamentó su espiritualidad en tres puntos fundamentales, los cuales marcaron su caminar y toda su vida: la eucaristía, la cruz y el amor a la Virgen María.
A Padre Pio se le solía ver en la eucaristía con un amor inefable, con una dulzura, con una disposición tal que llevaba a cada persona a vivir este misterio con una verdadera fe. Toda la vida del Padre Pío estaba centrada sobre el Santo Sacrificio de la misa que, día tras día, salva al mundo de su perdición, cada celebración era un encuentro profundo con el amado, cada eucaristía le hacía salir de este mundo y gustar del las delicias del cielo.
Esta mañana, en la fiesta de la asunción, subí al altar a celebrar la santa misa lleno de dolores físicos y de angustias en el alma. Sentía morirme. Una angustia mortal invadía mi alma. Me llegó una tristeza insoportable. Pero después de comulgar vi claramente a la celestial señora que me decía: «Mi hijo y yo estamos contigo. Puedes estar tranquilo. Tú nos perteneces y nosotros te protegemos.»Desde ese momento invadió mi alma una alegría tan grande como nunca había sentido un gozo semejante. Y así estuve todo ese día de fiesta de la Santísima Virgen»
Después de esto exclama: «Al recordar la presencia de Jesús sacramentado y de María Santísima, siento en mi corazón una llama de amor tan grande hacia ellos que ya no siento los dolores ni las penas.
El segundo pilar del Padre Pio es la cruz, en su cuerpo y en su corazón llevaba las heridas de Jesús, el continuamente ofrecía su vida y sus dolores por el bien de los hombres
Desde hace tiempo siento una necesidad, la de ofrecerme al señor como víctima por los pobres pecadores y por las almas del purgatorio. Este deseo ha ido creciendo cada vez más en mi corazón, hasta el punto de que se ha convertido, por así decir, en una fuerte pasión. Ya he hecho varias veces ese ofrecimiento al Señor, presionándole para que vierta sobre mí los castigos que están preparados para los pecadores y las almas del purgatorio, incluso multiplicándolos por cien en mi, con tal de que convierta y salve a los pecadores, y que acoja pronto en el paraíso a las almas del purgatorio.
La virgen María como fiel compañera del padre Pio, estuvo junto a él como al pie de la cruz, ella su consuelo y su esperanza, ella era quien le guiaba y le acompañaba en sus largas horas de confesión y entrega a sus hermanos.
Esforcémonos, pues, por tener siempre delante a esta bendita Madre, por caminar siempre junto a ella, ya que no hay otro camino que conduzca a la vida, sino el que Ella nuestra Madre ha seguido. Nosotros que queremos llegar a la meta, no rehusemos seguir este camino. Vayamos siempre con esta nuestra querida Madre.


